Vivimos en un tiempo de enormes descubrimientos musicales y la “identidad vibratoria” de la historia está
llegando a ser conocida. Los científicos y musicólogos están llevando a cabo una nueva aplicación y
síntesis de la música, en su estudio de la distribución y amplitud de los tonos musicales. Las grabaciones en
los cuartos y cámaras de los monumentos de civilizaciones antiguas nos están dando nuevas revelaciones.
¿Hay una solución acústica para el acertijo de las pirámides? Nuestras observaciones mostraron que la acústica fisiológica
del oído era simplemente un fenómeno secundario dentro del gran plan arquitectónico de la pirámide, y que las armonías
más altas y más graves sólo podían ser percibidas mediante una sensibilidad interna mayor y un entendimiento de las
armonías de los armónicos. Desde el siglo XVII los físicos y teóricos de la música han escrito acerca de la existencia de las
series de armónicos, que atraen el oído musical sensible a la geometría del sonido. Pero incluso antes de esos teóricos de la
música, desde Pitágoras y hasta Descartes, entendieron los armónicos en términos de los tonos producidos por divisiones sucesivas de una cuerda en partes iguales.
Hoy en día algunos teóricos de la música están nuevamente imponiendo la relevancia de los armónicos en la música. Los
fractales de seis caras de Inglaterra y sus contrapartes cimáticas en los estudios de Hans Jenny, contienen el teorema de
Euclídes y muestran el diseño de una inmensa complejidad que está edificada en la naturaleza, así como los sub-productos de las leyes de la armonía de la frecuencia del sonido.
Los templos antiguos, incluyendo el Templo de Salomón y la Gran Pirámide, así como también los de México y Brasil,
eran más que únicamente una mezcla de murallas singulares de piedra; son formas creadas para resonar con nuestra
esencia misma. No obstante, nuestro descubrimiento fue sorprendente al encontrar que algunas de las piedras especiales
usadas en la Gran Pirámide, por ejemplo ¡funcionan como resonadores precisos! Una persona, orquestando fuertes pulsos
desde las cavidades superiores en el interior de la Pirámide, puede crear inmensos sonidos parecidos a un gong que
resuenan por todas las cámaras superiores e inferiores. Cuando uno simplemente toma asiento en los cuartos sagrados y golpea la pared o vocaliza los jeroglíficos, se produce un sonido claro y sostenido.
El Salmista nos dice que nos regocijemos (Salmo 150) y alabemos al Divino con pandereta y cuerno. Entendamos las
revelaciones de la vibración en lo que Cristo nos enseñó, como nuestro privilegio de escuchar las vibraciones de “rocas
que cantarán”. ¡Comprendamos que vivimos en un tiempo en el que estamos adquiriendo el conocimiento de la música de
las esferas, el cual nos permitirá mover los materiales de tamaño y dimensionalidad finitas, a través de uno de los portales que se abre a la Casa de Muchas Moradas del Padre!